Las Constelaciones Familiares surgen como una exitosa modalidad de la psicoterapia sistémica y crecen hasta transformarse en una verdadera filosofía, una cosmovisión revolucionaria no sólo del ámbito terapéutico, sino de la vida en todas sus dimensiones -la actual “Hellinger Sciencia”.
Fueron desarrolladas por Bert Hellinger, filósofo y psicoterapeuta alemán con formación en múltiples disciplinas, entre ellas: Teología, Psicoanálisis, Gestalt, Psicodrama, Terapia Primal, Hipnosis Ericksoniana, Análisis Transaccional y Terapia Sistémica.
El método terapéutico de las Constelaciones, se basa sobre todo en la concepción sistémica del ser humano, que lo considera parte de una trama vincular -familiar, social, cultural, espiritual-, que comienza a tejerse mucho antes del nacimiento. Esa trama condiciona su vida, su forma de ver el mundo y de actuar en él.
“A veces creemos que somos independientes, libres, autónomos y que podemos decidir nuestro destino. Todos estamos unidos con los destinos de los otros, de toda la humanidad. Todas las personas que han tenido que ver con nosotros viven dentro de nosotros.” Bert Hellinger
Cada individuo, como todo ser vivo, lleva en sí la impronta genética, histórica y energética de quienes le antecedieron y le pasaron la vida. Esta información está marcada a fuego en lo más profundo de nuestro ser y en el inconsciente colectivo de nuestro primer grupo de pertenencia: la familia.
Las Constelaciones Familiares permiten un acceso directo, vivencial, a ese campo de información sutil que Hellinger llama el “alma familiar”, trayendo a luz las dinámicas ocultas del sistema y abriendo un camino a la solución de los problemas que provocan sus implicancias, en nuestra vida actual.
La solución consiste en reconocer e integrar a todos aquellos que pertenecen al sistema. Tomar lo que nos fue dado por cada uno de ellos, tal como nos fue dado, empezando por la vida. Y honrarlos, haciendo con lo que recibimos algo bueno para nosotros y las generaciones venideras.
Se trata, en definitiva, de entrar en consonancia con nuestro origen, nuestra realidad y nuestro devenir. En palabras de Hellinger: “reconocer lo que fue, reconocer lo que es y reconocer lo que será”.
El éxito de las Constelaciones Familiares radica en que sus efectos, disparados en apenas unos pocos minutos de sesión terapéutica, operan a un nivel muy profundo, actúan durante meses, incluso años, y alcanzan a todos los miembros del sistema, transformando sus vínculos y sus vidas.

Para que sirven?

Muchas veces no encontramos una salida a ciertos problemas que afectan nuestra vida negativamente: enfermedades; destinos difíciles o trágicos; accidentes y problemas recurrentes; inestabilidad emocional; violencia; fracasos o frustraciones constantes; conductas destructivas y autodestructivas; conflictividad en la pareja, con los hijos, en los vínculos con los demás…
Por medio de las Constelaciones Familiares podemos encontrar la relación entre estos problemas y ciertos mandatos, mitos y “lealtades invisibles” de nuestro sistema familiar, que pueden originarse muchas generaciones atrás.
Podemos rastrear, por ejemplo, la repetición de una antigua dinámica o patrón familiar hasta el presente. O descubrir que estamos identificados con un miembro excluido de nuestra familia. O constatar que una enfermedad está allí para expiar una culpa, saldar una injusticia o poner en evidencia algo que nadie en el sistema quiere ver.
Pero, lo más importante, podemos trascender estos enredos sistémicos, dejar atrás aquello que se transforma en un obstáculo para que fluya la vida, saneando y equilibrando nuestros vínculos, reestableciendo el orden y la integración, encontrando un camino propio de plenitud, reconciliación y paz interior.

Amor ciego y amor que ve

Cuando nacemos somos vulnerables, inocentes, inexpertos, no nos valemos por nosotros mismos y necesitamos que nos alimenten, abriguen, cuiden y enseñen para no morir. Por lo tanto, estamos innatamente dispuestos a hacer lo que sea para no quedar fuera de esa contención, siguiendo las pautas que nuestro sistema nos exige para ser parte de él: la pertenencia garantiza nuestra supervivencia
Como seres gregarios, organizados en grupos sociales, para pertenecer debemos vincularnos con los demás miembros del grupo. Y debemos hacerlo de un modo más o menos ordenado, para lo cual se establecen ciertas reglas y ciertas jerarquías que tendremos que respetar, para ser parte del sistema.
Hellinger llama “Órdenes del Amor” a este conjunto de leyes naturales, familiares, sociales y hasta espirituales que rigen el funcionamiento y el intercambio de los sistemas humanos y que condicionan, irreversiblemente, nuestra manera de actuar.
Hay órdenes relativos a la jerarquía de las generaciones, que exigen el respeto a los ancestros y especialmente a los padres; hay órdenes que garantizan el equilibrio del intercambio -sobre todo en las parejas-, estableciendo un balance entre “el dar y el recibir” y también existen órdenes propios de cada familia, que resultan de su historia particular.
La transgresión de los “Órdenes del Amor”, especialmente la exclusión, tiene graves consecuencias en el sistema, que llegan a manifestarse como severas patologías individuales, familiares, o sociales: violencia, inadaptación, dificultades de relación, enfermedades físicas y psíquicas, adicciones, entre otras.
Paradójicamente, dice Hellinger, estas patologías están al servicio del sistema, hacen algo por él y lo hacen siempre impulsadas por la lealtad, instintiva y ciega, a ese sistema. En otras palabras, lo hacen por amor al sistema familiar, en especial a los padres.
Y allí mismo, en esta paradoja, está la clave para la solución: al sacar a la luz las dinámicas ocultas que mueven ese amor leal que actúa ciegamente, el “amor ciego” que enreda y enferma, se transforma en “amor que ve”, en amor que integra y que cura.
La enorme fuerza del amor, que al servicio del sistema puede llevarnos ciegamente a la enfermedad, el sufrimiento o la muerte es la misma que nos lleva a sanar, a tomar la vida por entero y a vivirla plenamente.
El restablecimiento del orden, lejos de restringir, libera el flujo de ese amor sanador, fortalece la familia y hace posible que cada miembro del sistema pueda vivir en sintonía con su destino:
“El amor llena lo que el orden abarca.
El uno es el agua, el otro el jarro.
El orden recoge, el amor fluye…”
Bert Hellinger

Reconocer lo que fue, lo que es y lo que será

“El corazón de aquel que ha comprendido que lo presente está en resonancia con lo pasado, tanto en lo bueno como en lo malo, late en sintonía con el mundo.”
Bert Hellinger.
La mayoría de las terapias lidian con los problemas intentando eliminarlos. La medicina combate las enfermedades, apenas se manifiestan, haciendo desaparecer los síntomas. Muchos abordajes terapéuticos intentan “romper” los vínculos que consideran nocivos, otros pretenden suprimir o evitar los aspectos “negativos” de la persona…
Sin embargo, para Hellinger, la única manera de transformar algo en nuestra vida es reconociendo lo que es, enfrentando y diciendo primeramente “sí” al problema, a la enfermedad, al obstáculo. Diciendo “sí” a nuestro destino, con lo bueno y con lo malo, que incluye esa enfermedad o ese problema que tratamos.
El primer “sí”, el más importante, es el “sí” a la vida y a quienes nos la dieron: nuestros padres. Tomar a los padres es tomar la vida, negar a los padres es negar la vida. Asentir a la vida es reconocer a todos los que vinieron antes que nosotros y forjaron ese destino, es asentir a nuestro origen.
Lo sepamos o no, estamos indisolublemente ligados a nuestra familia de origen. Cada pieza del complejo rompecabezas que forma la historia de nuestros antepasados, generación tras generación, tiene una incidencia directa sobre nuestra vida actual.
Las Constelaciones Familiares constatan, además, que cuanto más negamos nuestro origen, más nos condiciona; cuanto más nos alejamos de nuestra familia, más nos enreda; cuanto más tratamos de diferenciarnos de nuestros padres, más nos parecemos. Porque en nuestro fuero más íntimo y primario, seguimos siendo profundamente leales al sistema familiar.
En realidad, sólo podemos hacer un camino propio cuando logramos saldar internamente nuestras cuentas familiares, cuando ya no reclamamos, ni esperamos, ni increpamos ninguna falta y tomamos, con amor y respeto, lo que nos fue dado, tal como nos fue dado. Así, plenos, completos, nos hacemos libres.

De los Movimientos del Alma a los Movimientos del Espíritu

La completitud significa, además de plenitud, unión. No podemos sentirnos plenos ni completos si estamos divididos. Para lograr esa unión, dice Hellinger, debemos llegar a un nivel aún más abarcativo que el del alma, debemos elevarnos al plano del Espíritu.
Tradicionalmente, en el trabajo de las Constelaciones Familiares, eran los Movimientos del Alma los que dirigían sutilmente el proceso terapéutico. Además del “alma familiar” estos movimientos respondían, a su vez, a una instancia superior o “gran alma”, equivalente a un inconsciente colectivo común a toda la humanidad.
Pero actualmente, Hellinger va un paso más allá y nos dice que tanto el “alma familiar” como la “gran alma”, son movidos por una entidad superior, aún más grande, que vela ya no sólo por el sistema familiar sino por toda la humanidad, instancia que él llama, como muchas tradiciones indígenas de nuestro continente, el Espíritu.
Así, el trabajo de las Constelaciones Familiares se transforma en parte de una gran trama de Movimientos del Espíritu, que son los movimientos del amor en su más alta expresión, y con los que se debe estar en profunda consonancia para lograr la verdadera ayuda.
“Caminar con el Espíritu” implica trascender la distinción pseudomoralista entre el bien y el mal, ir más allá de nuestras propias fronteras y entregarnos sin resistencia al impulso del verdadero amor, infinito, universal, sin formas que lo atrapen, sin categorías que lo encierren, sin credos que lo condicionen, sin división alguna. El amor uno.
El Espíritu, además, es una fuerza creativa, un movimiento constructivo, está en permanente transformación. Nos reconcilia con el pasado, nos permite vivir plenamente el presente, pero nos impulsa en su movimiento hacia el futuro, ya contiene lo que vendrá. Además de “reconocer lo que es”, Hellinger nos invita a dejarnos llevar por este movimiento del Espíritu y “reconocer lo que será”.
“El movimiento del Espíritu une lo separado y cuando se encuentra lo separado se llega a la felicidad. Esta es la felicidad y la suerte que perduran.” Bert Hellinger

¿Cómo se trabaja?

Constelar es básicamente configurar, representar físicamente en el espacio, el sistema sobre el que se va a trabajar, ubicando los distintos integrantes del mismo, unos en relación con los otros, en el campo morfologico.
Esto se puede hacer en talleres vivenciales grupales donde se configura el sistema familiar por medio de representantes “de carne y hueso.En el caso de los talleres, la persona plantea el tema que desea trabajar y en base a ello configura su sistema familiar, eligiendo para hacerlo personas del grupo, que sirven de representantes de los distintos miembros de la familia, y son ubicados en el espacio según las imágenes internas del constelante.
A partir de la configuración y de las sensaciones que manifiestan los representantes, el trapeuta y el constelante, se desarrolla el proceso terapéutico, en el que se pueden ver con una claridad asombrosa los hilos que mueven al sistema, dónde se originan sus enredos, cómo surgieron y por qué se reproducen.
Al configurar la familia recreamos sus dinámicas internas, entramos en el campo del “alma familiar”, accedemos de pronto a ese trozo de memoria colectiva, trayendo al plano consciente información que ayuda a desentrañar el problema y abrir el camino hacia su solución.
En este proceso, el terapeuta, el cliente, los representantes y demás participantes, se entregan, sin juicio y sin intención, a los movimientos que surgen de la propia configuración y conducen a una imagen de solución.
Hellinger habla de “Movimientos del Alma”, manifestación dinámica del inconsciente colectivo o “alma” familiar y de “Movimientos del Espíritu”, que trascienden el sistema y tocan múltiples dimensiones espaciales, temporales y transpersonales del sistema. Estos movimientos llevan a una imagen o configuración alternativa, que dispara un proceso interno de transformación en el consultante y en todo su sistema.
Las soluciones sistémicas de las Constelaciones Familiares, se aplican también fuera del ámbito familiar, a otros sistemas tales como empresas, organizaciones e instituciones de diversa índole, especialmente educativas